Laicos, peregrinos, policías, indignados… e ‘indignados’

di Miguel Cuesta

La visita del Papa Benedicto XVI a Madrid, con motivo de la celebración de las Jornadas Mundiales de la Juventud (JMJ), ha tenido una repercusión social que desvela algunas cuestiones que añadir, como ingredientes de una gran menestra, al debate ‘indignado’. A las críticas de la gestión de la crisis económica, el rechazo de la corrupción política, la reforma de la ley electoral o la carencia de una democracia participativa se unen la relación de la Iglesia con el Estado y la desproporción en las actuaciones policiales. El pasado 17 de agosto, una manifestación en protesta por las ayudas estatales a la financiación de esta visita finalizó con su disolución por la fuerza, ocho detenciones, varios heridos y ciertas agresiones policiales injustificadas contra los manifestantes.

Con el lema ‘De mis impuestos, al Papa cero’, un nutrido grupo de colectivos laicos, cristianos de base, pro derechos de los homosexuales, transexuales y partidos políticos de izquierda había acordado una convocatoria para expresar su descontento ante la inversión, por parte del Estado, de unos 20 millones de euros en un evento privado, por más que estuviera teñido de visita oficial de un Jefe de Estado. Según su propio manifiesto, la convocatoria respondía a “un momento en que tanta generosidad para con la jerarquía católica entra en contradicción con las duras restricciones en el gasto público y prestaciones sociales que todos estamos sufriendo bajo pretexto de la crisis económica”. La marcha comenzó pacíficamente, con ambiente lúdico, aunque una vez que llegara a la Puerta del Sol, el encuentro entre laicos y peregrinos derivó en provocaciones mutuas y una extralimitada carga de los antidisturbios contra los manifestantes laicos. No sería esto un motivo de sorpresa si no fuera porque una eficaz actuación policial podía haber evitado la intervención de la Unidad de Intervención Policial (UIP).

En primer lugar, cabe señalar que en Puerta del Sol, tanto manifestantes como peregrinos se sentían mutuamente provocados pero ninguno estaba realmente protegido. Al cruce de mensajes como “esa bolsa la he pagado yo” (en referencia a las mochilas que la organización de la JMJ había entregado a los peregrinos) o “esta es, la juventud del papa” habría que añadir dos precedentes: el 16 de agosto, un joven extremista católico había sido detenido por su supuesta intención de atentar contra la marcha laica. Por su parte, la organización de la JMJ había considerado inaceptable la aprobación de una marcha claramente opuesta a sus intereses cuando, inevitablemente, el centro de Madrid estaría superpoblado de peregrinos. Las fuerzas de seguridad, ante la responsabilidad de impedir altercados, debían haber desalojado a tiempo, antes de la llegada de los manifestantes, a los numerosos peregrinos que se encontraban dentro de la Puerta del Sol.

En segundo lugar, parece que desde que saltara la chispa del 15M, cada protesta social tiende a relacionarse con el movimiento de los ‘indignados’. La manifestación laica no estaba vinculada al 15M, aunque no cabe duda de que su influjo, y muchos de sus simpatizantes, estaban presentes en la movilización ciudadana. En los últimos meses, muchos madrileños han encontrado como extensión de su propio ocio salir a la calle, observar los focos de protesta, cultivar el espíritu crítico… porque fuera de casa acontece. En condiciones previas al 15 de mayo, una marcha de este tipo, organizada por grupos minoritarios, hubiera contado con apenas 1000 asistentes y escasa repercusión mediática. Pero en presencia del virus ‘indignado’ alcanzó las 8000 personas (20.000 según los organizadores) y el hashtag #17A llegó a ser trending topic en twitter. La ausencia del movimiento 15M como convocante de la manifestación se prueba por sí sóla: su adscripción no aparece en el listado de organizaciones convocantes, además de que la sola presencia de partidos políticos anula su participación, de acuerdo a su manifiesto. De hecho, la única aparición del 15M fue el 18 de agosto, cuando propusieron realizar una asamblea conjunta con los peregrinos y dialogar sobre las relaciones de la Iglesia con el Estado y rechazar las etiquetas que dividen a la población: como dijera @majestad en su twitter, “Harto de medios que no hacen más que etiquetar de “cristianos” “ateos” “indignados” “perroflautas” para tenernos divididos. Por ello #JMJ15M”.

Dicho esto, la cobertura informativa que ofrecieron los medios españoles tendió a relacionar la intervención de la UIP con provocaciones realizadas por manifestantes de simpatía ‘indignada’. El mundo apuntó a una actuación policial proporcionada, mientras que La Razón cargó sus armas contra el 15M. Por su parte, El País, a través de una serie de tomas de la carga policial, mostraba, en posturas acrobáticas, a jóvenes manifestantes con estética “perroflauta”. Los mismos que se han vinculado durante todo este tiempo a la versión menos simpática del movimiento 15M. Pero no fueron los únicos que recibieron agresiones de la policía: Público recogió informaciones sobre la denuncia de abusos policiales efectuada por periodistas que se encontraban ejerciendo su trabajo.

La historia se repitió el 18 de agosto. Ante un nuevo choque entre laicos y católicos en Puerta del Sol, la policía fue parcial y excesiva. Por un lado, no intervino ante la agresividad de una suerte de legionarios católicos; por otro lado, los efectivos de la UIP sí cargaron sin justificación contra quienes no fueran peregrinos: resulta elocuente el video que circula por internet de la agresión a una joven por interpelar a un antidisturbio. En respuesta, el Sindicato Unificado de Policía (SUP) ha expresado en un comunicado que “con la única información de las imágenes difundidas, no consideramos ajustadas a un protocolo de actuación racional las actuaciones de algunos miembros de las UIPs”.

Ante los excesos policiales, cabe preguntarse ¿se sienten algunos policías indignados con el control ejercido por los ‘indignados’? Tras la creación del grupo de facebook “identificar y difundir al policía de la agresión a la joven”, muchos policías se han destapado la cara en foropolicia.es, con comentarios como “ya he remitido la pagina de facebook al grupo de delitos telematicos de la guardia civil” o me gustaria que la pija esa se pusiera en la piel de uno de la uip en un dia de trabajo complicado”.

Para entender las razones de los ánimos tan airados entre las fuerzas policiales, es pertinente recordar, al menos, dos episodios precedentes. A comienzos del mes de julio, los vecinos del barrio de Lavapiés expulsaron pacíficamente a la policía tras un control de papeles un tanto desmedido. A pesar de tratarse de una movilización espontánea, muchos medios de información relacionaron este suceso con el 15M. Posteriormente, el pasado 3 de agosto, la Delegación de Gobierno ordenó a las fuerzas policiales el desalojo del punto de información del 15M instalado en Puerta del Sol y el acordonamiento indefinido de la plaza. La gestión de la operación generó malestar entre los efectivos policiales, ya que se les exigió trabajar horas extras y reprimir su actuación ante las provocaciones de muchos ‘indignados’.

Los estómagos de ciertos sectores de la población están menos predispuestos a digerir lo que políticos y gobernantes les van lanzando a la boca, y eso trae consecuencias. Se pueden observar entre los ciudadanos, indignados en este caso con una visita papal pagada con fondos estatales. O entre los policías, molestos con algunas órdenes que reciben de sus superiores y enfrentados a todo lo que suene a 15M, un movimiento que cuestiona su labor si sale en defensa de intereses políticos. En España, mientras los políticos observan desde sus despachos los acontecimientos y no comprenden lo que sucede en la calle, sentirse crítico con el estado de las cosas o estar contrariado, cabreado, indignado, no importa el grado, se contagia como la gripe.

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